miércoles, 9 de septiembre de 2015

Qué gran jardinero se ha perdido el mundo

Como declaración previa, decir que echo mucho de menos a mis abuelas. Una murio siendo yo un tierno parvulo, hacia el 90 o así. La que me quedaba debió de morir en el 98 o 99.
No importa la estación. No importa el día que haga. Las tareas de la jardinería siguen trayendome una paz interior y una relajación sin igual. Algo que como ya os comenté, seguramente me venga heredado por la vía paterna. Al igual que el diógenes de baja intensidad este que te hace mirar en una escombrera y ver posibilidades. Cuando empecé con el frontyard necesité piedras que me aportó la obra que están haciendo al lado del curro. Vi que habían desmontado un muro y tenían ahí tirados los ladrillos, y el cerebro se me puso a trabajar en un uso para tan valioso recurso. el primero uso que se me ocurrió y que le di fue de separador de las tres secciones del trocito de la entrada. El segundo, que podéis ver en la foto, es el de una maceta "de obra". Que de obra no tiene nada, pues los ladrillos están puestos uno encima de otro y punto. Ni un adobe mal hecho he puesto, pero ahí veis el resultado las dos mentas a la izquierda y la albahaca a la derecha. Esa albahaca no es de las mías, es comprada del Tesco. Y no se ven, mucho, pero pegados al muro largo más cercano a nosotros hay unos cilantrillos que no se si arrancarán,  pero yo me esfuerzo en quererlos.

Estoy tela de contento y orgulloso de mis creaciones jardinísticas.

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