Hoy hemos amanecido casi como nuevos a las 7.20, que a las 8 teníamos el desayuno. En lo que no habíamos caído es que a las 7.30 venían a quitarnos el futón, y nos han pillado en pelota picada. Y en el ryokan no te creas que cuando llaman esperan a que contestes. El timbre no es para pedir permiso, si no para avisar, así que nos ha tocado ir corriendo al baño a atrincherarnos. Nos esperaba un desayuno no tan copioso como la cena, pero igual de rico y variado. Con su arroz, su sopa de miso con un cangrejo crudo que tú te lo pones que se cocine, su pescadito, su ciruela encurtida... todo rico. Una inmersión más en el ofuro, vestirse y partir.
Primera parada, 恋人岬 (koibitomisaki, el cabo de los enamorados), un pequeño cabo molón con una campana para que la toquen las parejuelas y una tienda de recuerdos donde puedes comprar un certificado de que la pareja ha tocado la campana y va a durar. Una capilla para oficiar matrimonios y un paisaje super bonito con una escultura super del metal. La verdad es que la zona es muy bonita, como Asturias, de un lado mar y del otro montaña.
Y vuelta al autobús. Por cierto, aquí los autobuses molan. Resulta que cuando te montas pillas un tiquet que tiene un número que es la zona en la que te subes. Y hay una pantalla que te dice, si esa es tu parada, cuanto tienes que pagar, en función de la zona en la que te hayas subido. Al igual que en Seattle, tienes que pagar al salir, y tienes que tenerlo justo. O mejor dicho, puedes pagar de más, que el conductor o conductora no te da cambio. Pero en este caso el autobús tiene una maquina que te da cambio. Eso sí, solo puedes usarla cuando el bus está parado para que alguien suba o baje, pues el resto del tiempo hay que estar sentado. Además, la puerta de atrás está un poco como de adorno, todas las subidas y bajadas de viajeros que he visto hasta el momento son siempre por la puerta delantera.
Y de ahí al ferry para Shizuoka. El ferry molón tiene en la cubierta una plancha donde te preparan tu pulpito y tu pescaito rico y dentro una máquina expendedora, de las cuales japón está lleno, pero esta es de ultra congelados. Lo que no me quedó claro es si la freidora va incorporada, o si lo compras ultracongelado y te lo cocinan en la barra, pero sería la ostia que te lo friese la propia máquina. A nivel conceptual al menos. Si cambian poco el aceite cuando lo ven, miedo me da pensar la de mierda que pueda tener el aceite de la máquina.
Siguiente tramo molón, en Shinkansen, el tren bala japonés. Lo cierto es que tampoco, como experiencia, dista mucho del ave. Muy cómodo, muy rápido y en el mismo rango de precio, diría yo. La diferencia es que tiene más paradas, y hay por lo tanto 3 tipos de servicio, el que para en todas, el que para en muy pocas y uno intermedio. Y así fue que nos plantamos en dos horitas en 京都 (Kyoto), que no era el destino final, pues a Kyoto vamos el 19. Un tren más y para Nara.
Y aquí que estamos. En un hostelillo que es una casa japonesa típica, super bonita, con sus pasillos estrechos alrededor de habitaciones con varias puertas corredizas de papel de arroz que deja pasar la luminosidad, suelos de tatami y jardincillo interior. La mar de cuco.
Aunque copioso el desayuno, no deja de haber sido un desayuno, y ya corrían las 6, y el snack que compramos en la estanción del shinkansen, junto con las dos bebidas que estaban incluidas en el ticket, pues ya no daba para más. Así que en busca de cena rica. Y con las mismas nos plantamos en el centro para ver una mani japonesa. Molones los estandartes, imagino que pancartas rojos que se ven. Es el típico estandarte de batalla que llevaban a la espalda en tiempos de guerra. Resulta que la constitución dice que Japón no participa en guerras, y el primer ministro Abe, quiere cambiarlo. La izquierda, siguiendo la proposición de que la clase obrera no participa en las guerras imperialistas y que dado el estado actual de la economía mundial, la intención de Abe es una clara declaración de intenciones, se está manifestando en contra. No tengo claro cual es el programa que proponen, o qué línea sigue su propaganda, pero llegamos en mitad de unas intervenciones de un profesor, una profesora feminista y un abogado hablando al respecto, pero yo ni papa, y tampoco le iba a hacer a Miyo tragarse el speech traduciéndo para mi. Así pues hecha la foto, a por ramen.
El ramen, la típica sopa de fideos japonesa, es algo que te crees que sabes lo que es hasta que te tomas uno de verdad. El caldo es tan denso que pones condimentos, y se quedan en el sitio, y eso significa sabor. Mucho sabor. Mucho rico.
La forma de tomar el ramen, además, es sorbiendo. Algo que me costó al principio, fruto de las reminiscencias de pescozones que me creaba el sorber un fideo, pero es la manera de no abrasarte la lengua. Claro, que la forma de sorber es distinta. Occidentales sorbemos con los morros cerrados para incrementar el poder de succión sobre el fideo o espagueti. Orientales tiran del fideo con los palillos para sacarlo del montón y sorben con los labios abiertos, de esta manera enfrían el fideo al tiempo que lo succionan, y el apoyo de los palillos hace que no sea necesaria tanta fuerza. Además, lo condimentan con huevo especiado, carne de ternera o de gorrino y queda delicioso. Además que es un precio super competitivo. Cenamos los dos por 1750 yen, que google dice que hoy eso es poco más de 12 euros. Notar que aquí las cenas suelen ser más caras que los almuerzos, y que por lo que dice Miyo está bien de precio, pero un poco por encima de la media.
Y para terminar la velada, nos dimos un paseo para bajar el ramen por delante de los sitios que mañana veremos con luz, pero os dejo una foto nocturna de una pagoda.




Cuando estuve yo, el bol de ramen estaba a 450-550 yen, y lo que más me sorprendió es la cantidad de comida que es. Es un pedazo de bol enorme, solo con la sopa y los condimentos te apaña una comida, pero tienes también gran cantidad de fideos. Un inventazo.
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