jueves, 31 de julio de 2014

Ya estaba tardando...

Pues eso, justo un día y una hora después de mi llegada a la isla he disfrutado de mi primera lluvia. Nada demasiado sofisticado, un nublado ligero, algo menos de 10 minutos de descarga bastante tirada, con viento del norte que ha hecho que se moje la moqueta del cuarto. Ya puedo decir agusto que estoy en Inglaterra. Ahora sí.

¿Vosotros sabéis esa de que vas a buscar trabajo, y todos te preguntan que si tienes experiencia? Sin experiencia no hay trabajo, sin trabajo no hay experiencia. Pues resulta que aquí con los bancos es algo así. Como diría el Goyo Jiménez, no lo cuento, lo hago:
 - Buenos días, ¿puedo ayudarle? - sonrisa.
 - Buenos días. La verdad es que sí, me gustaría informarme de cómo podría abrir una cuenta con ustedes - guiño, guiño, vais a tener mi dinero ponédmelo fácil.
 - Pues es muy sencillo, necesitamos una prueba de identidad.
 - Traigo mi pasaporte europeo - paso uno conseguido.
 - Muy bien, un pasaporte es suficiente prueba de identidad. También necesitaremos prueba de residencia. Algo que nos diga dónde vives- mirada inquisitiva.
 - Hum... vaya. Creo que no tengo de eso- respondo, asumiendo que todo iba demasiado bien para ser verdad.
 - ¿Tienes contrato de alquiler?
 - No, acabo de mudarme y mi empleador me provee de alojamiento.
 - Ya veo. Tienes alguna carta que te haya mandado un banco en el que aparezca tu nombre y tu dirección- me pregunta intentando ponérmelo fácil.
 - No, acabo de llegar y vosotros sois mi candidato a banco que me pueda mandar cartas- a ver si dorándoles la píldora de manera sutil esto mejora.
 - Aham, ¿y alguna factura quizá?
 - Euh, ¿de esas que tienes domiciliadas y se cobran directamente de tu cuenta del banco y te lo mandan a casa?- A ver si descubre el problema sin mi ayuda.
 - Si, de esas- dice, sin haberse dado cuenta del problema.
 - No, no tengo banco- sonrío ácidamente.
Tras un rato más hablando con más voluntad que resultados la conclusión es que para abrirte una cuenta en el banco necesitas tener una cuenta en el banco. Eso o tener un contrato de alquiler, para el cual necesitas dinero, que se gana trabajando, el cual, si tu empleador es una gran empresa, requiere una cuenta bancaria para ser ingresado. Pero no puedes abrir dicha cuenta si no tienes antes un contrato de  alquiler que no has podido firmar porque no tienes el dinero porque no te lo han podido ingresar porque no tienes cuenta del banco porque no tienes casa porque no tienes dinero... Bueno, creo que ha quedado claro. Sin banco no hay banco.

Por suerte hay un banco que en una hábil maniobra táctica fue ligeramente licencioso con algún ARMero, y le dijo "Mira majo, yo te voy a dar una cuenta solo con tu pasaporte, pero en un mes quiero una dirección. Además le vas a decir a tus amigos de ARM que aquí les hacemos cuentas aunque no tengan en el momento dirección postal porque acaban de llegar al país". Así que mañana me acercaré a ver qué me cuentan, porque para cuando me han dicho esto ya era un poco tarde. Los bancos siempre se han caracterizado más por tener mucho dinero que no por trabajárselo.

Para cerrar, contaros un poco la demografía de la zona. Cambridge es una ciudad universitaria. Durante el curso está lleno de estudiantes y durante el verano los estudiantes se van de vacaciones, pero vienen otros a los cursos de verano. Que por lo que he escuchado en el super cuestan unos 4000 pabsters. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Como buena ciudad de estudiantes, las calles están llenas de juventud moviéndose, palpitando con actividad, desde media mañana (no les pidamos madrugar) hasta la noche tarde. Y siempre hay fiesta. No tan escandalosa como la mediterránea, pero fácil de encontrar. Sea la hora que sea, si quieres pasártelo bien, sólo has de seguir las señales.
Soltada la tontería del día, me voy a hacer cosas provechosas.

Besicos!

Juro que soy turista

No os creáis que tenía yo pensado volver a escribir, pero Mimi me lo pidió, y andaba dándole vueltas a la cabeza, cuando vi una señal que me hizo decidirme por escribir. No se si podré cumplir el objetivo de un post por día. Depende de si la isla me da material y de si consigo sacar el tiempo para compartirlo. En cualquier caso me esforzaré en darle vidilla a esto para que no muera de inanición.

Como ya sabemos, en la isla son, digamos, particulares. No les acaba de ir el rollo de la europa continental. El que dijo "Spain is different", no era brit, si no habría dicho "Spain is also different". Esto me lleva a los enchufes. ¿Tanto cuesta tener el mismo enchufe que el resto de europa? Entiendo el "¿y por qué nosotros vamos a adoptar el suyo y no ellos el nuestro?" Bueno, pues contemos la cantidad de enchufes que hay de cada tipo, y el que más tenga, a falta de una razón mejor, gana, y ya, pero no, tienen que andar erre que erre dando la nota. Así pues, a las 21.30 hora local he decidido salir, con más moral que esperanza, a buscar un adaptador para poder cargar los varios dispositivos.
Tras dar una vuelta por un supermercado y quitarme el hipo a ver los tomates a 6 euros el kilo, ver sabores de doritos desconocidos de doritos, y otear un poco la zona que rodea mi kely, cuando ya volvía para casa, ahí lo vi, mirándome a través de un escaparate. Tres protuberancias metálicas con su sección rectangular conectadas a tres entradas de sección circular, de las cuales la toma de tierra puede ser ignorada, y tus dispositivos así cargados. Y yo le miré, y él me gritó, pero el plástico de su blíster ahogaba su voz. Movido por el dolor que tan dramática escena me causaba, más que por el hecho de que sin el cacharrito en cuestión no tendría ni ordena, ni móvil, ni na de na, me he acerqué a la puerta para descubrirla abierta. Me he apresuré al mostrador, y he pedí el transformador. Tras un silencio tenso en el que el dependiente --un chico de piel color café con leche, pelo y ojos negros-- me miraba de arriba abajo, me preguntó.
  - ¿Tú qué eres?
 - ¿Cómo que qué soy? - respondí a la gallega.
 - No serás de aquí, ¿eh?
 - Euh... no, no. Soy de aquí de Madriz - titubeé. - Quiero decir, de allí... De Madrid...
 - Tienes pinta de inmigrante.
Sorprendido, eché una rápida mirada al blister que me hizo entender el interrogatorio. Ahora todo tenía sentido en mi cabeza.
 - No, no, soy turista - me apresuré a afirmar.
 - ¿Seguro? No llevas mapa en la mano, ni mochila. No vas borracho ni gritando.
Podía notar el peso de su mirada intentando entrar en mí a través de los ojos.
 - Pues no se, imagino que es porque acabo de llegar, y no llevo mapa porque he alquilado un apartamento para una semana - intenté no mirar para la izquierda como hacemos involuntariamente cuando mentimos- aquí al lado, y después me vuelvo a casa.
No muy convencido el dependiente se acercó a largos pasos a la estantería a por el adaptador, que observaba con ilusión de libertad la conversación y que llegó a alcanzar una chispa entre los bornes de la emoción de abandonar esa tienda.
 - Serán dos con cuarenta y nueve.
En mi papel de turista miré el puñado de monedas, y decidí darle un billete. Un turista no se conoce las monedas, un local sí. Me aterraba que descubriese que no soy turista. Ya con el adaptador en mi poder me dirigí a la puerta, con paso tranquilo. Abrí, y eché a correr. Es duro vivir en un país en el que no venden adaptadores de los enchufes para los inmigrantes,
Adaptador para turistas
 sólo adaptadores para los turistas.

Así que ya sabéis, si os váis a mudar a vivir aquí no os traigáis vuestros enchufes, porque no hay adaptadores pensados para vuestro caso.


He de reconocer que echaba de menos escribir tonterías. O al menos hacerlo deliberadamente :)

¡Un saludo!