domingo, 1 de mayo de 2016

¿En que se parecen un boli bic a las tarrinas de vaselina perfumanda?: Gracias por este año y medio.

Llevo desde que volví de Japón intentando escribir este post, y ha pasado más tiempo del que me gustaría hasta que lo he conseguido.

Hace ya más de año y medio que llegué a la isla. Casi sin nada vine. Enfrenté las dificultades de encontrar casa, de ser, de nuevo, un extraño en tierras del norte, donde la gente es menos cálida que en casa. He tenido que ir lidiando con cosas por aquí, cosas por allá, aprendiendo los usos y modos locales. Y en todo este tiempo, habéis sido mi refugio. Si iba bien, porque lo compartía con vosotros, si iba mal, porque os daba la chapa, el escribir siempre me ha ayudado a hacerlo todo más llevadero y mejo (para cierta defincición de bueno).

Ahora tengo casi un hogar, con un jardín que atender. Un grupo de compañeros del trabajo con quien durante el fin de semana nos juntamos a echar la tarde con la escusa de los juegos de mesa. Un subgrupo con quien una tarde a la semana salvamos el mundo. La reunión mensual con los compañeros de sindical, Miyo anda por aquí. En fín, que estoy plenamente asentado y con rutinas. La situación se ha normalizado. Ya no siento las grandes sorpresas, o experiencias excepcionales de estos pasados meses. Y por tanto, creo que es buen momento de pasar página (web XD) y poner un verdadero punto y final al blog al final de este post.

Gracias de nuevo :)

Y como última tontería, os dejo algo que pensé en el curro hace un mes o así. Tengo en mi mesa, para cuando se me resecan los labios, una tarrina de vaselina perfumada. Una de esas de lata, pintadas de colores vistosos, y el dibujo de un rostro femenino que seguro que todos, o casi todos conocemos. No le queda casi nada. Pero aún le queda un poco, y es una tarrina que me dio, del mismo modo que los fumadores se dan mecheros los unos a los otros, Lorena hará, muy fácilmente, 10 años si no son 15. Y me di cuenta de que es como un bolígrafo bic. ¿Cuántas veces os habéis acabado un boli bic? Yo, dos. Por algún extraño motivo es terriblemente difícil llegar al final del bolígrafo: Se rompe el cuerpo (de tanto mascar la parte trasera), la lías porque lo pones punta para arriba, se escapa la tinta, lo pone todo perdido y tienes que descartarlo, de lo dejas a un compi de clase y ya lo has visto, pierdes el capuchón, o como le queda poco, dejas de usarlo y se seca la tinta cuando aún le queda algo más de un centímetro... infinidad de trampas, de minas situadas en el camino que nos lleva desde que adquirimos (incluyendo el método de ¿me dejas un boli que me he olvidado el estuche en casa?) el sujeto, hasta que conseguimos agotar la tinta.

Los profesores te dicen que te lleves varios bolígrafos a los exámenes, por si alguno no funciona. A veces tenemos varias tarrinas de vaselina, para asegurar que aunque una la dejemos en el curro, otra esté en el bolso de salir de fiesta y otra en la mochila, siempre tengamos una alrededor. Pero en ninguno de los razonamientos está "por si se te acaba"...

No quisiera yo que el blog fuese como el boli bic medio. Mordisqueado, con el clip de la tapa partido hace tiempo, secándose olvidado en ese estuche que ya no usas, pues terminaste tus estudios. Así que con estas palabras agoto la tinta. Eso si, no tiramos los restos. Quedan como recuerdo de las experiencias y de los sentimientos que me llevaron a escribir y que la propia escritura me ha aportado. Hoy ese sentimiento es cierta pena por la despedida, y de nuevo gratitud por la ayuda que, conscientemente o no, me habéis prestado.

Hasta el próximo viaje.

R.

sábado, 2 de abril de 2016

La niña de Kiki & Lala

Quien más, quien menos, imagino que todos conozcamos, al menos, a Hello Kitty. Quizá mi padre, junto con alguien más no tenga ni idea de quién es dicha gata e imagino que la mayoría tampoco conozcamos a My Melody, Gudetama, Pompompurin, Kiki y Lala. En mi caso, me he familiarizado con ellos un poco más estos últimos días, pues Miyo, cuando teníamos un hueco, me llevaba a los lugares donde abundan.
En cierto modo podemos decir que son el análogo japonés de Belén Esteban: personajes que no hacen nada útil, sin oficio conocido (o ejercido) pero que mueven grandes sumas de dinero y sorprendentemente tienen gran cantidad de seguidores.
La mayor diferencia es que en el caso de los キャラクター (kyarakutā, del inglés character) japoneses, se trata de personajes ficticios que son majetes y su misión en la vida, desde un punto de vista científico, es hacer la competencia a Mickey y el resto de personajes Disney, o a Snoopy y Woodstock a la hora de aparecer en, pero no limitado a: camisetas, sudaderas, pijamas, toallas, estuches, lapiceros, bolígrafos, carpetas, peluches, tazones, vasos, botellas, tarjetas de felicitación, espejos de mano, polveras, monederos, mochilas, fundas para el móvil, fundas para la tablet, alfombrillas de ratón, pendientes, colgantes, pulseras, adornos para el móvil, llaveros, blocs de notas, cuadernos, clips, chapas, bolsos, bolsas, caramelos, y lo que más me ha dejado con el culo torcido, plantillas para el calzado. Por que en el resto de ítems, se aprecia la temática, ¿pero en unas plantillas?
Que por cierto, uno de los mejores sitios para adquirir productos son los todo a 100, que existen, abundan, y deberían llamarse todo a 108, pues los 100 no incluyen el 8% de IVA que pronto será un 10%. Hay cosas que son un poco cutrongas, pero para tantas otras están las mar de bien. Por ejemplo, ya os comenté ayer de la naturaleza gaseosa del equipaje, y Japón es el país ideal para empacar más en menos. Estando tan constreñidos por el espacio, abundan soluciones para optimizar, como las bolsas que he comprado, a 108¥ la pieza, que tienen un ziploc de un lado, y a la base unas válvulas, de modo que metes la ropa dentro, la enrollas y así el aire escapa por las válvulas. Sin el hermano pequeño de las que vienen para usar el aspirador para sacar el aire. Y es que ayer dejé todo más o menos empaquetado y cabia justo, y hoy, tras las últimas adquisiciones y un par de regalos que me ha hecho la familia de Miyo que suponen, fácilmente, un 15% más de volumen, ha sido abrir, recolocar y cerrar, y todo bien :) imagino que eso se traduzca en un a% más de presión y un b% menos de temperatura con a+b = 15 (por su alguien me viene, ya se que la ecuación no es del todo así, pero hacemos la vista gorda).
¡Mañana vuelo de vuelta!

Apurando gramos

No me queda ya casi nada de tiempo para gordear. Cada ingesta de comida se convierte en un proceso complejo para garantizar que nada delicioso queda sin ser probado por falta de hambre, ni me agarró un empacho.
El desayuno de ayer tenía que haber sido un bara chirashi, bol de arroz con pescados encima, pero el restaurante al que tenía echado el ojo ha ganado en popularidad, y resulta que hay que reservar con dos semanas, como nos dijeron en la puerta. Con decepción y cuerpo de sushi decidimos ir a uno de los sitios con cinta transportadora y ponernos como el kiko. Salmón, atún, tofu frito, huevas de salmón, anguila, caballo, gamba, pescaito chikinino... Una locura. El truco, en estos sitios, es mirar que las piezas de la cinta no estén secas, y si lo están, pedirle al chef, que te lo prepara en un momento.

También es hora de ir preparando la maleta, y es curioso, el equipaje se comporta, a nivel físico, como un gas. No importa cuántas maletas ni como de grandes sean. Tu equipaje siempre las llena... Me estoy haciendo un experto en esto de cubicar.

Espero que tengáis buen finde

jueves, 31 de marzo de 2016

El cerezo florece cuando florece

Uno de los mayores atractivos de Japón es la temporada de sakura, la flor del cerezo, que marca, más o menos el inicio de la primavera, que siempre nos gusta.
Claro, que es algo que ocurre de manera progresiva, de sur a norte, y parece que en los últimos vertiente años o así, se ha adelantado unos 10 días, según los lugareños. Es un evento tan importante que junto con la predicción del tiempo, dan la estimación del inicio de la floración, el apogeo, y el comienzo del declive, en las distintas regiones.
Así pues, la visita al Palacio imperial, que la teníamos pensada para el lunes pasado, debido a unos días de frío, la retrasamos hasta hoy jueves para aprovechar la máxima floración, y aún así un par de días más no le habrían hecho mal.
Para celebrar la estación, habían abierto hasta hoy una de las secciones del palacio que están, de normal, cerradas al público. Como podéis ver, es tope de bonito.

Es curioso, porque antes de ir a palacio hemos ido a un parque de estos estrechos pero alargados, atravesado por un caminito.
En la foto, además de un servidor haciendo el mongui, podéis ver de fondo unas lonas en el suelo. Por lo que me ha contado Miyo, lo que pasa es que la gente reserva el sitio para por la noche, después de salir del curro, que van para allá a comer y beber. Que mola mucho, pero al más nuevo o la más nueva les toca pringar y guardar el sitio para el grupo, aunque muchas lonas tenían nombre, hora, y nadie guardándola. Claro, que es jueves... Que mucha fama tenemos de festear y los japos de currantes, pero también saben cómo liarla, y la lían.

Así que ya sabéis, si queréis ver el cerezo en Japón, tenéis que venir mucho tiempo, o tener movilidad.

Un abrazo

miércoles, 30 de marzo de 2016

Almuerzo mortal

En la foto podéis ver el tanque situado a la entrada del restaurante donde hemos comido. A la salida había sólo dos ejemplares dónde a la entrada había tres. Para los que no lo reconozcáis en modo no-asustado, se trata de pez globo.

Después de algo de investigación por la red y de preguntar Miyo a su padre, decidimos el lugar dónde probar el tema.

Empiezo pidiendo para beber un sake flameado con aleta de pez globo. Le da un toque marino al vino, pero tampoco mucho más. También que desacostumbrado de beber, a mitad de vaso ya me estaba llegando a la pelota. En vez de no saber qué pedir de la carta, hemos ido a por uno de los menuses, que lleva un poco de todo, así la experiencia se hace más completa.

Como dicta la intuición, comenzamos por los entrantes: un platito con, de izquierda a derecha, piel de pez globo con verduras, edamame, gelatina preparada con nosabemosqué, tortilla tricolor, rulo de huevo con pez dentro y un niguirizushi de pez globo. La piel es muy gelatinosa, y la carne del pez globo un tanto gomosa.

Después el sashimi, en dos preparaciones, a la derecha lo que viene siendo el sashimi tradicional, a la izquierda una preparación en la que el filete va montado sobre una barca de repollo, cubierto de cebollino. Todo crudo, claro.
Y llegamos al plato fuerte, para el que colocan una cesta de mimbre sobre el fuego de inducción, que tiene en su interior un papel encerado doblado a modo de olla con un hierro en medio (para la inducción). Agua, y a hervir. Una de las camareras trae el plato de la foto, en el que se aprecia, partes del pez, dos setas shiitake, otra verdura que no conozco y dos pedazos de tofu, y aunque no se aprecie por estar tapado, repollo y el alga gelatinosa típica de la ensalada china.
Con la habilidad y el automatismo de alguien que hace esto todos los días para ganarse el sueldo, comienza a poner los ingredientes en el agua hasta que quedan los cortes finos de fugu (pez globo), la piel y unas pocas verduras, y nos dice que en 5 minutos estará listo, y que con los cortes que quedan hagamos shabu-shabu, que es como llaman aquí a la comida en la que hay una sopa común y cada uno se cocina lo suyo como quiere. Una vez finalizado, aún con sopa en el "cazo", trae una bandeja con arroz, un cuenco con huevo y otro con cebollino.
Añade el arroz, unos pocos polvos mágicos, aceite con sabor, y lo cata. Para catarlo, había traído un pequeño cuenquito donde vuelca un poco con la cuchara, y bebe del cuenco, que los japos son muy asquerositos. Ajusta de polvos y aceite, echa el huevo, el cebollino, nos da una palmada en el hombro y dice "ahí lo tenéis, bailadlo". Así que nada, cerramos con la sopita de arroz.
Podéis ver la sopa de arroz en el cuenco de la izquierda, y en el de la derecha lo que quedaba de las verduras sumergidas en ponzu, una salsa muy rica con sabor cítrico que usan en estas ocasiones. Imagino que sólo de leer os sintáis llenos, porque yo, comiendo, he petado. Todo muy rico. Siendo sincero, tampoco tienen nada que envidiarle una buena dorada o merluza, pues más allá del morbo, el sabor es bastante normal. Rico, pero por la pasta que vale hay cosas que están más ricas, y parece ser una opinión extendida, pero oye, había que probar para ver si estamos de acuerdo o no.

Pasadas 8 horas, creo que ya no me muero de esto :)

martes, 29 de marzo de 2016

De rutas por Tokyo

Ya tocaba dar algún que otro paseo por la naturaleza este viaje, que no habíamos hecho casi más que ciudad, ciudad y ciudad. Con parques, con ríos, pero ciudad a fin de cuentas. Gracias al gugelmaps pude buscar cual era el sitio con pinta de montaña más lejano al que se podía llegar con la renfe de aquí, llamada JR (Japan Railways), y es un pueblecito llamado 奥多摩, okutama, que queda a unas dos horas desde casa de la abuela de esta chica. En Okutama hay lo que parecía un lago, pero que resulta ser una presa, que así entre nosotros, tampoco me parecen tan bonitas. La parte buena, eso sí, es que el camino ha resultado ser tope de chulo.

Lo cierto es que tampoco se distingue tanto de ir por la montaña por nuestras tierras. Pinos, carreteras estrechas y con sus parches, riachuelos que bajan por la ladera en los recodos y unos cuantos bichos. Eso sí, hemos estado casi solos en la ruta. La ruta comienza en el pueblecito, pero pronto entra en la montaña. Y cruza una vía abandonada digna de una peli de Miyazaki, el mismo que se inspiraba en el museo de Tokyo Edo. La ruta está planificada para tres horas, y no mienten. Si vais una tropa hecha a andar, y vais sin parar, al igual le recortas media hora, pero entre que esta chica no ha andado mucho y que nos entreteníamos con dos de pipas, pues nos ha llevado unas 4 horas, contanto la pausa para comer el onigiri, que no es lo mismo que un bocadillo de jamón, pero oye, llena igual y da energía.

En esta tierra los caminos cuentan con sus templos y sus altares cada pocos cientos metros. Que si un buda con sus baberos por aquí, que si un altar a la fortuna de las setas a pie de pino por acá, que le dan un toque curioso. Mucho mejor, en mi humilde opinión, que las figuras de cristos y vírgenes que se encuentran en nuestra tierra en los lugares más insospechados.

La ruta bordea el río del mismo nombre que el lago y el pueblo, aunque el río queda muy abajo, y en ningún momento entra en el plan tocar el agua. A mitad de camino nos encontramos con este puente acompañado del cartel que avisa que no se debe de cruzar más que en solitario, parejas o tríos a lo más. Al otro lado aguarda un altar.

Pero si entras un poco más, ves una camino que baja hasta unos de los riachuelos que alimentan al río okutama donde hay unas piedras en las que descansar mientras te mojas los pies. Esto último lo dejamos para otro tiempo en el que haga más calor y llevemos una toalla, porque con el frío que hacía y sin toalla, pues no es, quizá, la mejor idea eso de mojarse los pies.

La ruta continúa de nuevo bastante por encima del río, a veces cruzándose con la carretera, a veces entre casas de vecinos que miran con curiosidad a los turistas. Unos tenían a la puerta de la casa un plato de bambú tejido con setas que habrían cogido durante el día.

A eso de los tres cuartos de la ruta se avista ya la presa, pero el camino se interna en la montaña y se pierde la vista del agua durante un rato, tanto que un par de veces nos hemos preguntado si estábamos perdidos, hasta que hemos recuperado las marcas y señales del camino, que aquí no son las rayas pintadas en árboles o piedras, si no unos cubos metálicos negros con la parte de arriba roja. En un momento el camino gira y se abre en una buena perspectiva de la presa, pero como no me acaban de convencer las presas, os dejo de cierre una foto tomada desde el puente de a tres.

A la llegada hay un pequeño museo de la presa, un gran parking para los tramposos y muchos tablones turísticos con otras rutas para hacer. La verdad es que para otra ocasión con algo más de calor, una compañera algo más rodada y una buena mochila, es una muy buena opción.

La parte que está bien es que hay un autobús que te permite, como a nosotros, empezar la ruta tarde (pasada la una), hacer la ida, y ya que el camino de vuelta es el mismo, coger un autobús que en cosa de 15 minutos te deja en la estación, preparados para pillar las dos horas de tren de vuelta comentando lo bonito de la ruta y descansando las piernas.

Como tantas otras cosas, entiendo que no os queda muy a mano, pero es del todo recomendable.

¡Un abrazo!

lunes, 28 de marzo de 2016

El país de las pequeñas cosas

A menudo digo que me gusta cuando alguien "ha pensado" las cosas. Por poner un ejemplo, el enchufe de los macs, que se conecta con un imán. Alguien pensó que con bastante frecuencia alguien anda sin fijarse por dónde y tropieza con el cable. Si la conexión es fuerte, el ordenador sale volando, y si no, con la holgura no carga bien y tienes que andar sujetando el cable. Un simple imán es una solución cojonuda.

Japón es un país donde parece que eso de que alguien piense las cosas ocurre. Los días de lluvia te dan bolsas a la entrada de los comercios para que metas tu paraguas y así no ir goteando. A la salida del súper hay un contenedor con bolsitas con algún tipo de líquido congelado para echar en la bolsa donde has puesto el helado o los congelados que acabas de comprar y mantener el frío. En el museo del que os hablaba de las casas, dado que hay que descalzarse, te dan bolsas para que metas tus zapatos y los lleves contigo. Cuando compras comida para llevar, además del cubierto y servilleta, te ponen una toallita húmeda. Los ascensores tienen, además del juego normal de botones, uno más bajo para gente en silla de ruedas. En los recreativos, hay botones para pedir que venga un trabajador (porque tu máquina está rota, se ha tragado tu dinero o cualquier otro problema). Las máquinas expendedoras tienen bebidas frías y bebidas calientes. Las gomas de borrar vienen en una carcasa que en la parte trasera tiene un rodillo que absorbe la viruta y la almacena en un compartimento. Múltiples son los ejemplos, sin ir a las sutilezas de que nunca verás un huevo roto en el cartón, una fruta golpeada, o fea.

Claro, que no todo son virtudes. Pero por hoy os cuento sólo la cara de la moneda, que queda más bonito.