No me queda ya casi nada de tiempo para gordear. Cada ingesta de comida se convierte en un proceso complejo para garantizar que nada delicioso queda sin ser probado por falta de hambre, ni me agarró un empacho.
El desayuno de ayer tenía que haber sido un bara chirashi, bol de arroz con pescados encima, pero el restaurante al que tenía echado el ojo ha ganado en popularidad, y resulta que hay que reservar con dos semanas, como nos dijeron en la puerta. Con decepción y cuerpo de sushi decidimos ir a uno de los sitios con cinta transportadora y ponernos como el kiko. Salmón, atún, tofu frito, huevas de salmón, anguila, caballo, gamba, pescaito chikinino... Una locura. El truco, en estos sitios, es mirar que las piezas de la cinta no estén secas, y si lo están, pedirle al chef, que te lo prepara en un momento.
También es hora de ir preparando la maleta, y es curioso, el equipaje se comporta, a nivel físico, como un gas. No importa cuántas maletas ni como de grandes sean. Tu equipaje siempre las llena... Me estoy haciendo un experto en esto de cubicar.
Espero que tengáis buen finde

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