domingo, 27 de septiembre de 2015

Día 14: despedida y cierre

Ya estoy en el avión de vuelta. Ayer fue el día de ultimar. El postre, si queréis, de esta opíparo banquete cultural.
Por la mañana fuimos a 浅草 (asakusa, hierba corta), un barrio turístico de Tokyo en el que está la puerta del trueno (雷門 raimon, como el cantante) a un extremo y hay un templo al otro. Entre medias, mazo de tiendas para guiris. También había tiendas de no-guiris, y puestos de pescaito frito. Siguiente hito, papeo. Comimos monja, no de las de convento, si no la comida japonesa. Monja es, a grandes rasgos, una plancha para cocinar y boles que tienen repollo picado con magia encima y en el fondo una pasta liquida que es caldo de pescado y konbu (alga) con harina. Según mole el sitio tienen mejores o peores opciones para la magia. Tomamos una de huevas de pez, otra de gorrino picante, una de ajo y cerramos con la de queso. La idea es echar el repollo y el acompañamiento a la plancha y cocinarlo. Cuando más o menos está, haces un círculo para que cuando viertas el líquido quede contenido. Una vez vertido el líquido esperas a que se caliente y lo mezclas todo bien, y lo dejas que reduzca y socarre. Veredicto: rico.
Ya que estábamos por la zona, fuimos a uno de los mercados que es como el de la boquería en Barcelona, atracción turística, pero si conoces las tiendas, hay unas cuantas que son precios normales para los locales. Muy vistoso, la verdad, pero como tampoco pensaba echarme un salmón a la maleta, quedó en visita meramente turística.
Y después, a coger el metro de una punta de la línea a la otra para ir a 渋谷 (shibuya, el valle molón) a ver el famoso cruce tan concurrido, icono de Tokyo. Y tal cual. Petado de gente, porque claro, es finde y el viernes fue día de paga, y eso se nota.
Un rato más tarde, después de haberme aprovisionado de bolígrafos y otros útiles, que no todo el gasto es vicio, fuimos a cenar sushi a uno de esos restaurantes que tienen carrusel y te van pasando platos por delante, y como en los bares de pintxos, al final cuentan los platos que tienes y te dan el precio. Cambia, eso sí, que los platos llevan código de colores. Algo que alguno seguramente recordará de videojuegos en los que había pruebas que ocurrían en un sitio así. Me puse tocinete. Que rico todo. Probé varias cosas que en la vida, entre ellas el caballo crudo. Un poco duro, pero rico. El resto, ni idea de lo que eran. Podéis creerme que es difícil comunicar nombres de pez entre una japonesa y un madrileño usando el inglés. Muchas veces le preguntaba que es esta cosa o aquella y recibía "es rico" o "es pez" como respuesta. Aunque bien podría haberme dicho un nombre de pez en inglés, que seguramente me habría quedado igual.
Y casi con eso cerramos la experiencia.

Comida: 7/10
Turismo: 7/10
Cultura: 9/10
Alojamientos: 8/10
Calidad/precio: 9/10
Baja nota a comida y turismo porque me vuelvo sin haber probado el pez globo (fugu) y porque no planeamos, para esta vez, ninguna pateada por las montañas. ¡Para la siguiente fugu y fuji!

1 comentario: