viernes, 18 de septiembre de 2015

Día 6: Nara

Nara mola. No tiene demasiado pero mola. Su mayor atracción turística son los bambies. Hay un parque con un templo o dos grandotes, molones, en el que viven muchos ciervos. No sé si ciervos es la palabra adecuada, porque no crecen tanto como los que hay en la mitad norte peninsular, el más alto no me llegaba a las teticas, pero se parecen a bambi, tienen cuernos, aunque algunos los tenían cortados, y el culete blanco. Hay unos vendedores que comercian con unas galletitas que no se qué tendrán. Una especie de pan, para dársela a los ciervos, que doctos en la materia, en cuanto ven que alguien se acerca a los vendedores y se aleja, comienzan a acosarlo hasta que suelta la mercancía. Los machos dan cabezazos, en mi caso en la tripa que es lo que le quedaba a la altura, pero a la pobre Miyo le han asestado un bocado que le han hecho un moratón nada despreciable en la rodilla. También avisaros que si vais, hay que ir de largo y con repelente de mosquitos, porque hay unos mosquitos que transfieren una fiebre chunga, que por lo que me ha dicho Miyo que para un 10% de los que la cogen Nara es el último viaje de su vida. Claro, que por otro lado, como alguien que ha estudiado probabilidad y estadística, un 90% de sobrevivir me parece mazo :)


Después de alimentar a los ciervos y hacernos unas cuantas fotos, he hecho unas pocas fotos a los templos y a la pagoda que ayer os enseñe de noche, pero esta vez con luz. Cinco pisos tiene, como la de Yuffie en el Final Fantasy VII, pero no hemos entrado a pegarnos de toñas, no.

Un templo octogonal, muy chulesco y rumbo a los restos del palacio, que tras un paseillo con varias paradas intermedias, una para comprar una bebida de litchis (la fruta de los restaurantes chinos) con sal. Sólo un toque de sal para hacerlo muy rico. Otra parada para comprar cosas ricas que ha sido más ochazuke, un whisky del que valen 3600 yen (26 euros) los 4 litros, pero que he cogido una petaquita pequeña para ver si es matarratas o realmente está decente y chocolate.

Y nada el palacio nos lo hemos encontrado cerrado :( pero alrededor hay arrozales molones, y he aprovechado para hacerlos unas cuantas fotos, así que tampoco podemos decir que haya sido tiempo perdido. Después hemos pasado por una librería de segunda mano, que quería yo mirar unos libros, y nada, a por la cena: Nabe. Un hot pot japonés bastante rico. Eliges un nivel de picante y te traen una olla de sopa de ese nivel de picante con carne y verduras. En la mesa hay un quemador que encienden y en el que ponen la olla y nada, se va haciendo y te lo vas papeando. Al final puedes pedir arroz o tallarines y ya redondeas. Muy rico la verdad. Os lo recomiendo.

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