Pasa media hora de la media noche y aún no me voy a dormir. Ando con los preparativos. Y es que no es hacer la maleta y ya. Es ir a poner la lavadora, traerla, tenderla, cocinar, dejar la casa decente, limpiar la cocina para que no queden trastos por medio, que le he pedido a Alejandro el favor de que se pasen él o Marta cada pocos días a ver que no se haya caído la casa, y tampoco es plan de que esté manga por hombro. Puedo imaginarme una lagrimita de orgullo en mi padre al leer que al menos está la intención, pues en la consumación tiene que confiar. Y yo también confío en que me de tiempo a dejarlo fino mañana a la tarde, pues el viernes a las 13 salgo del curro escopetado para casa, cojo la maleta y la mochila y para Heathrow camino de un vuelo directo que en 12 horas me deja en Haneda. Mi plan es según ponga el culo en el avión empezar a planchar oreja para si consigo estar despierto sólo las 2 o 3 últimas horas empalmar con el sábado allí (que llego a eso de las 15 hora local).
Nervios, lo que vienen siendo nervios no tengo, pero ganas y este sentimiento que me acompaña en el previo de cada viaje de que algo me voy a dejar o algo va a fallar. Ya tengo junto el pasaporte con las reservas de los hostales y todo para contarle mi vida al oficial de inmigración, que vea que no tengo ningún interés en residir en Japón. Que por un lado me gustaría, pero que mi vida ahora mismo transcurre en Cambridge y en el espacio de 2 semanas he de volver.
Mi plan desde allí es que no tengo plan. No se si haré entradas breves con cosas molonas y simplemente un post al día con el digest. Imagino que lo veré según fluya.
Ánimo gente, que ya está la semana hecha
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