martes, 22 de septiembre de 2015

Día 9: Kyoto II

Ayer fuimos chicos buenos y nos fuimos pronto a la camita, así que hoy hemos amanecido, tampoco muy temprano, llenos de energía. Teníamos por delante un bonito recorrido que se ha visto frustrado en sus últimas paradas.
Así, en ayunas, hemos cruzado el umbral produce un efecto general tela de bonito. Hemos coincidido además con un grupo de monjes, entre los que veías al abuelo, unos pocos acólitos, y los iniciados, aún con pelo "largo".
camino de 南禅寺 (nanzenji, templo de la batalla del sur), un templo muy molón, con un portón enorme. En los jardines de los templos el suelo está cubierto de un musgo la mar de tupido que pide a gritos una siesta, y de ahí hemos ido al noreste para recorrer un tramo de el paso del filósofo, un parquecillo a lo largo de un riachuelo que va de templo en templo. Sin planear echar el día, hemos hecho una de ver 法然院 (hounenin, ni idea de lo que es), muy molón, y tenía al lado un cementerio.

Los cementerios japoneses son molones. Aquí, al fiambre se lo churrasca. En el funeral, con palillos, se coge un hueso que se rula de persona a persona, directamente de palillos a palillos. Es por que los nipones no se pasan las cosas con los palillos, te las ponen en el plato y ya las coges tú si eso. Los restos van a la tumba que es familiar. Los primogénitos van a la tumba de la familia. El resto de varones iniciará su propia tumba con su esposa. Las mujeres van a las que les toque a sus maridos, o a la familiar si mueren de no-casadas. En vez de coronas de flores, ser ponen unos listones de madera de los que te tienen en el recuerdo. Así pasa, que una familia de tres generaciones tiene madera para aburrir. Claro que además la forma de la lápida es distinta. Aquí la cruz no se estila. Los distintos bloques representan una persona sentada a la japonesa.

Después hemos ido a 平安神宮 (heianjinja), que la construyeron hace relativamente poco, y es enorme. Una vez allí nos encontramos una orquesta de viento, formada mayoritariamente por mozas, con cuatro chiquetes, todos de 12 o 13 años dando un concierto de concienciación para las bicicletas. El templo en sí muy bonito, todo en rojo y verde, amplio, y la gente acoquinando al cepillo para encomendarse a los dioses.

Y ahí ha acabado lo bueno. Resulta que estos cuatro días son las vacaciones de otoño aquí en Japón, y el palacio imperial cierra por vacaciones. Y la última parada, que era Nijou, un castillo fortificado, cerraba a las 4 y hemos llegado a y diez. Así que nada, ramen para cenar y ¡a prepararse para el nuevo día!

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