No ha sido más que aterrizar, y no dejar de fluorar (fluorar es lo que mi móvil ha decidido escribir en vez de flipar). Hay tres formas de intentar la educación y el bien hacer. La primera es cuando a la gente le sale de manera natural. Como en los ascensores. Raro es el caso en el que en un ascensor no se deja salir antes de entrar. La segunda es la de la sugerencia aceptada, que es como solía ser el metro de Madrid en los días de la pegatina en las puertas del hombrecillo verde con la flecha hacia fuera y los hombres rojos haciéndole pasillo, cuando la gente, aceptando el mensaje, esperaba pacientemente a los lados de la puerta. La tercera y última es la de sudar del tema, haya o no sugerencia, como es el metro hoy en día. Normalmente, a la hora de esperar las maletas la gente, como idiotas hace la tercera, y se agolpan pegados a la cinta transportadora, que ni ven ni dejan ver. Aquí, al menos, hacen la segunda. Hay una línea amarilla a un metro y medio de la cinta que nadie rebasa salvo para coger su maleta, y oye, funciona de lujo.
La siguiente ha sido el control de importación. Traigo fruta desecada, y me he acercado a preguntar si todo bien, y la verdad es que encantadores, casi hasta dándome una palmadita en la espalda de buena pinta que tiene.
Después hemos ido a una piscina/balneario, muy molona con sus jacuzzis y su sauna por 1200 yen. Te dan una bolsa con toalla y un pantalón de trapo y chaqueta. Pasas a cambiarte, y luego a la zona de baño, que es una historia que ya os contaré. Vas a la piscina, sauna y lo que veas, y cuando estés vas, te secas y te pones la ropa que te han dado. Vas al piso de arriba y hay una sala para dormir, donde he visto cómo a un alma le echaban le peta por que estaba soltando unos ronquidos que podrían serrar troncos, y hay que guardar silencio. También hay un restaurante donde por 800 yen más puedes tomarte un ramen. Total, por unos 2000 yen, que es un poco más de dos talegos, hemos echado la tarde. Antes de eso, hemos ido a tokyo tower, que es la versión local del pirulí. Ver foto adjunta.
Y también hemos caminado por una calle típica japonesa, también ver foto adjunta. Y muchas más cosas que contar. Pero son las 2am, y la cuna llama. Kisu!


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