jueves, 22 de octubre de 2015

Tráfico de comida

No se si os comenté el plato de lentejas cojonudas que me casqué hace un par de findes. Resulta que Marta había hecho, y el jueves me acercaron un tupper, que atesoré hasta el sábado. Y lo cierto es que no soy yo muy de lentejas, pero de vez en cuando, pues apetecen. Y ese sábado me apetecieron. Y bien ricas que me supieron.

Claro, que devolver un tupper vacío, pues queda feo, así que con la colecta de moras que hice, empecé a hacer mermelada, y entre que el pasapuré que tengo es una mierda, y que me daba pereza ponerme con el tamiz, pues hasta hoy no tenía la mermelada lista. Porque claro, mermelada de moras con pepitas hace cualquiera, pero no te la comes ni la mitad de agusto que cuando la han pasado y le han quitado las pepitas. El caso es que he puesto bien en un frasco, he metido el frasco en el tupper, por eso de no llevar el tupper vació, y se lo he acercado.

Claro, a todo el mundo le agrada recibir mermelada, y tal y como somos, pues no me iban a mandar a casa con las manos vacías. Resulta que tenían unas pocas croquetas que les habían sobrado, que se habían puesto a hacer para la cena, y con estas cosas nunca sabes cuándo parar, así que nada, abrir tupper, sacar bote, meter croquetas, y devolver tupper. Y a casa que me he vuelto más feliz que unas castañuelas con las croquetas. Lo cual me recuerda el de:

 - Pepe, Pepe, si estás en casa y de repente aparece un marciano, ¿tú que haces?
 - ¿Yo? Pues croquetas, que le gustan a todo el mundo.

Y con eso os dejo, que tengo uno mucho más fino en la recámara, pero usa los recursos fonéticos, por lo que hasta que no nos veamos, no os lo puedo contar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario