Estos días he estado mirando las fotos de japón. Han quedado unas 150 o por ahí, que tampoco está mal. Entre ellas varias de las que os hablé, pero por motivos más de tiempo que infraestructura u otros, no pude iros mostrando en su momento.
Esta primera son dos maiko que vimos caminando por sannenzaka. Lo cierto es que vimos unas cuantas, pero yo creo que esta es de las mejores fotos que supe echar. Miyo opina que lo más bonito de ver maiko es ver por detrás porque se aprecia el nudo del obi (el cinturón) que en este caso apenas se ve un poco desde el costado, pero a cambio se puede ver el tocado molón que lleva, y si of fijáis en el cuello podéis ver cómo la parte trasera no está blanqueada, como os iba contando ya en su día. Además, los kimono suelen ser coloridos y con patrones complejos. No sigue esa norma el de la moza de la izquierda de la foto, pero si os fijáis es un rojo muy otoñal el elegido para la ocasión, y si lleva los colores y patrones en el obi en este caso.
La otra foto que he elegido para hoy es el templo que os decía que seguramente hubierais visto en algún u otro formato o sitio, fusimi inari, el que tenía esculturas de zorros a cascoporro.
La sección de la foto es una en la que los arcos torii se abren en dos caminos, nosotros vamos por el de la izquierda, y claro, parece muy tranquilo y tal, pero estaba petado de gente, y conseguir una toma sin banda nos costó sudor, paciencia y astucia, pues la gente tenemos ese concepto de que si pasamos de puntillas pegados a un lado, de alguna manera u otra no apareceremos en la foto. Pero vamos que tampoco pretendo que el mundo se pare para yo poder tomar una foto.
De este lado no se ve, pero en la pata que se ve en la izquierda, por el otro costado, los arcos tienen escrito quien contribuyó con los talegos para poner ahí ese arco. Los arcos vienen en varios tamaños y tienen descuento por volumen, curiosamente. Así que si tenéis pasta y estáis pensando en encomendaros a fuerzas divinas y ni Cristo ni Mahoma os satisfacen, pues pasaros por Kyoto y os hacéis unos arcos.


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