viernes, 27 de noviembre de 2015

Thumbs up para la ferroviaria.

Hoy me he dado cuenta de cuánto me alegro de ser hombre. Resulta que algo de la cena de ayer no ha acabado de sentarme bien, y he pasado la mañana de paseos, hasta que a eso de la una o así, nada de paseos. Un sprint olímpico para abrazar el inodoro y echar hasta lo que no he comido.

Claro, que la ejecución no ha sido tan fácil y fluida. Dolores me han hecho retorcerme mañana, mediodía y tarde. Nunca podré confirmarlo, pero algo dentro de mí me dice que una menstruación no debe ser muy diferente. Y así, en petit comité, como que pasar esto todos los meses me haría gracia cero. Mi admiración a las lecturas, y a las mujeres en general.

Además, el hecho de que en algún momento me he 'llevado' una de más, o de menos, al echar las cuentas temporales, ha desembocado en que después de facturado el equipaje tengo tres horas hasta el embarque. ¡Tres!. Tres horas que como voy sólo tampoco quiero echarme a dormir. Así, iba yo camino de las puertas de seguridad, vaciando la mochila de envases y mierdas, y ahí estaba. Una de las armas más letales (según autoridades aeroportuarias, al menos): la multi-herramienta de la bici.

Habiendo dejado ya el equipaje en el mostrador, todo apuntaba a un futuro jodido para nuestra relación. Como tenía tiempo, pues he decidido dar una vuelta, por si podía esconderlo, con el optimismo de que me estuviese esperando el lunes. Claro, en segundas consideraciones, intentar esconder algo en un aeropuerto es receta segura para, si no una detención, sí un interrogatorio. Y así la tristeza ha hecho a mis pies dar con la estación de tren.

Con esta inocencia de la que os he hablado alguna vez ya, me he acercado a la mujer de información, y le he expuesto mi caso. Para mi sorpresa, se ha ofrecido a decir que lo encontró en el tren y que quede en objetos perdidos, hasta mi vuelta. Esa tirada de pisto merece, como mínimo, esta mención llena de gratitud.

Aquí queda, que empieza el embarque

No hay comentarios:

Publicar un comentario