Cuando en Seattle definí el Cooking Sunday. Era mi manera de superar los domingos, porque estando lejos de la gente el domingo era el día en el que las paredes se me comían, la añoranza hacía presa de mi y más me pesaba la lejanía. Cocinar los domingos era un proyecto. Una motivación para querer que el domingo amaneciese. Y algo con lo que estar ocupado. Croquetas, paellas, gazpachos, tortillas de patata, tiramisús de fresa, pastas, salmones y otros platos desfilaban por sartenes y cazuelas camino de los tuppers de los que me alimentaría la siguiente semana.
En Barcelona, con eso de que empecé en casas con cocinas de mierda y que nos daban tickeses restaurant, pues quedó la cosa un poco en suspenso. Aquí, en la isla, como me pusieron los fuegos casi al tiempo que vino Irina, luego lo empalmé con la venida de Miyo y tal, pues aprovechaba para hacer cosas, pero no ha vuelto a ser la institución que fue durante el tiempo que pasé en los iuesei.
Hoy, ni cocina ni ostias.Me ha dado tiempo, eso sí, a hacer la colada, pero ha sido una de amanecer, y tirarme un rato largo en Skype con una amiga que no está en su mejor momento, y ya sabemos que esas conversaciones nunca son cortas. Luego casi empalmada, de no ser por una breve pausa para tomar un tazón de pasta, un rato de palique con Miyo, que dado que las 8 horas de diferencia horaria hacen imposible que hablemos durante la semana, pues también nos hemos explayado. Una colada después he vuelto a casa y mientras doblaba las cosas y adecentaba la casa, pues a hablar con Ana, que también hacía un rato que no (¡hola fea!), y nos ha llevado un ratejo ponernos al día. Y cuando parecía que el día estaba tocando a su fin, he estado hablando un ratejo más con la chica de por la morning. Vamos que me he pasado casi 5 horas en Skype.
Eso sí, no vayáis a hacer la colada en domingo, porque lo más probable es que no seáis la única persona que ha dejado la colada para ese día. Estaba la lavandería a petar. No tanto por las lavadoras, si no por las secadoras, que en esta tierra están cotizadas.
Espero que tengáis un buen lunes. O al menos que "para ser un lunes, no esté mal".
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