Todo sea dicho que aún no hemos repetido ni pasta ni salsa, y me da que de aquí al fin de la semana no lo repetiremos. Y en todas las ocasiones ha estado muy rico.
Lo cierto es que nos estamos hinchando a comer, la cena es un entrante, seguido de una sopa, y un plato de pasta, el plato principal que es carne, o pescado, con su guarnición, y postre. Vamos, una locura. A mediodía es un poco menos porque perdonan la cuchara, pero aún así, te ponen un buen tocho de papeo.
Claro, no hay que olvidarse de los coffee breaks de media mañana y media tarde. De dulces el primero, de salados el segundo. Vamos que no se si nuestras curiosidad se saciará, pero nuestros estómagos están que petan.
Me gustaría tener un grabador integrado como Olhado en el Juego de Ender, para mostraros el profe que tengo en el segundo tramo. Es un italiano muy salado que hace que te eches unas risas a la par que aprendes, una característica que siempre es de apreciar. Además, es cierto que los que estamos al sur del continente gesticulamos mucho, y hoy ha pasado que una chica, por sus facciones yo apostaría que sueca, o alemana del norte, estaba en primera fila y se ha movido un par de asientos más allá para alejarse de él, temerosa de que en una de las gesticulaciones le endiñase, y cómo no, el profesor ha comentado eso mismo, para risas de los asistentes, incluida la moza, claro.
Ahí os queda.
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