sábado, 8 de noviembre de 2014

Los bebés vienen de Paris, menos mi hermano. Él vino de Shropshire.

Está bastante extendido el injusto concepto de que la comida en la isla es una mierda. Y no es sólo injusto si no que además es falso. Y los habrá que digan que cuando el río suena, agua lleva, y en efecto algo de agua hay. El agua es que la gastronomía es flojuna tirando a nula. Pero claro, cuando no tienes una huerta tan buena como la de la península, ni una tradición pesquera y marisquera, ni la riqueza que da las invasiones de unos y otros, pues te conformas con el Fish'n'chips y el Mash'n'sausages. También es cierto que el clima de aquí no es lo ideal para secar jamones, o preparar la mayoría de embutidos. Demasiado húmedo.
   En cambio, los encurtidos los trabajan bastante bien, y tienen una buela selección de quesos.  No todo es cheddar aquí. Tiene Stilton, normal, con arándanos o azul. Tienen cottage cheese, del que ya os he hablado, y Shropshire azul. Es un queso bastante graso azul, fuerte. No es un cabrales, pero es bastante más fuerte que un gorgonzola. Y apesta. Esta mañana estaba preparándome una tostada, y al poner el queso sobre la tostada caliente y empezar a untarlo, me ha venido un aroma a moho, un olor ácido que me ha traido reminiscencias de otro tiempo en el que compartía cuarto con mi hermano (¡un beso Bombo!), y él jugaba al baloncesto, y llegaba a casa, y se descalzaba en la habitación. Hasta hoy eso de que los pies olían a queso era algo bastante figurado. El binomio Shropshire-Bombo ha hecho que a partir de hoy sea literal.
   En fin, aunque el recetario británico no sea muy prolijo, hay ciertas cosas que están bastante ricas y que merecen la pena, que total, ya cocino yo en casa.

¡Besitos!

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