Como todo asentamiento Cambridge tiene sus calles, travesías y carreteras, todas con su nombre, señalización y asfalto u otra suerte de pavimento. Lo bonito de Cambridge es la red "oculta" de atajos, callejones y pasadizos que permiten a los viandantes y ciclistas ahorrarse tramos de camino. Es muy bonito cuando vas en la bici por un camino hormigonado de metro y medio de ancho de frondosa vegetación que se cierra y hace una bóbeda sobre tí que deja entrepasar el sol dando ese efecto, gracias al polvo, rocío en suspensión y mosquitos de rayo sólido que penetra en la sombra. Las cosas se tuercen cuando el pasadizo se estrecha, el hormigonado desaparece, y la frondosa vegetación son zarzas cubiertas de pinchos sedientos de sangre a un lado y hortigas al otro, y tú con pantalones cortos y apretándolo en la bici. Si sigues apretándole, el más minimo error de cálculo es fatal. Si frenas, pierdes momento iniercial y es más difícil mantener la recta. Una disyuntiva que resolví apretándo el culo y pedaleando fuerte.
A ver si el domingo me levanto con ganas y me acerco con una bolsa de plastico a por moras, que es la parte buena de que haya tanta zarza. Mañana, por el momento, londonearé, que voy a ver a un par de colegas, a ver que se cuece por la city.
¡Pasad buen finde pipol!
Para las moras mejor algo rígido y con agujeros, rollo cestas, sino se te espachurran y haces la mermelada antes de tiempo!
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