miércoles, 10 de septiembre de 2014

- Me gustaría comprar el sofá azul.

Era un sofá bonito, de 3 plazas, con mullidos cojines, todo de una tela azul profundo, añil. Tenía una etiqueta colgando en la que en el centro se podía leer Before: 220, Now 120. Previamente me había sentado para comprobar su comodidad, y entre que estaba agusto, y que 120 libras por un sofá me parece un precio decente, estaba decidido a llevármelo.
 - Es un conjunto- contestó la dependients, señalando a las dos piezas que lo flanqueaban. Un sofá de dos plazas y un sillón, ambos del mismo todo de azul. Ambos con la misma etiqueta de "Limpiado por profesionales".
 - ¿Ya, ver, pero no me puedo llevar sólo el sofá de tres? - fue mi respuesta, porque vale que tenga un presupuesto para amueblar la casa, pero ya estoy llegando al tope, y tampoco necesito tanto asiento.
 - Si, claro, te lo puedo dejar...- dijo ella mientras entrecerraba los ojos pensativa mirando a la etiqueta-. A cien libras.
Tiempo. Un momento. ¿Me lo puede dejar a 100 libras?. En la etiqueta pone 120. Entiendo que soy un chico majo, bien parecido, con conversación, pero las tiendas no descuentan 20 libras de por que sí.
- Ah, entonces, ¿120 es el precio del conjunto?.
- Sí, sí, las 3 piezas serían 120.
- Pongamelas para llevar. Y de paso añada esa mesa-. A lo que ella añade -Bonita ¿eh?.- Y yo sigo señalando con el dedo- esa estantería y ese sinfonier.

10 minutos y unas cuantas libras después salí de la tienda con la misión cumplida de llenar el salón, que andaba bastante vaciúno. Además de haber aprendido que sinfonier, vamos el típico mueble de cajones hasta el pecho de alto donde se guarda la ropa doblada, se dice tallboy. Bueno, no necesariamente doblada, pero después de tantos viajes me he dado cuenta que doblar la ropa no es cuestión de ser ordenado,pese a lo que mi madre me dijo durante tantos años, ni pulcro, que es la opinión de mi padre. La ropa doblada se presta mejor al almacenamiento, aunque a mi esto me parezca contraintuitivo, pues un gurruño ocupa mejor todo el espacio, y dado que el volumen es constante, deberían caber más gurruños que camisetas dobladas, pero la experiencia dicta lo contrario.

Me dirijí a la bicicleta, le quité el candado, y monté, camino de vuelta al trabajo, pasando antes por una panadería en la que hacían bocadillos para tomar un tentempié para compensar la comida a la que había renunciado para ir a la caza del mueble. Los porteadores llevarían los muebles a casa al día siguiente. También el frigorífico que compré el sábado anterior. Parece que la casa empezaba a coger color.

1 comentario:

  1. Tal como lo describes dan ganas de ir a disfrutarlo ya...espero que tú lo hagas...
    Pg

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