lunes, 16 de marzo de 2015

Quien dice cinco, dice ocho.

Pues hoy vuelvo a ser McAuley Culkin, y vuelvo a quedarme solipandis. Al alba ha cogido Miyo el avión que le devolverá mañana a Tokyo. La casa vuelve a quedar vacía. Lo bueno es que tengo mueble del baño, para guardar las pocas cosas que tengo, pero al menos ya no están pululando por ahí.
El caso es que ayer anduve con ella por aquí y por allá de compras, que tenía que terminar ella de comprar el omiyage, que es como llaman a los regalos que llevan cuando vuelves de viaje, y son toda una institución de la cultura japonesa. En estos casos, el papeo siempre es muy socorrido, en especial los dulces. Así que me dijo que quería comprar After Five, cosa que en un primer momento no me dijo nada, pero en un par de segundos recuperé el equilibro, recordé que acababa de comprar una caja de After Eight y le habían gustado, y até cabos, y me hizo pensar lo arraigadas que están ciertas marcas o productos. No es que yo haya tenido una exposición elevada a ello. Creo que en casa de mis padres nunca ha habido una caja de after eight, y a lo largo de toda mi vida me habré tomado el equivalente a una caja entera, al igual, que es como 200 gramos, pero en mi mente, e imagino que en la de gran parte de vosotros y vosotras, after eight es sinónimo de menta y chocolate. Para un oriental, es algo rico que es after nosequehora, y puestos a ser después de cierta hora, ¿qué más dan las 5 que las 8?
Una vez adquirido el omiyage y hecha la maleta, se da cuenta de que no hay forma razonable de llegar a Heathrow a las 9 de la mañana, así que nos cogimos el tren a la noche y esperamos el amanecer en la terminal 4. En el camino sacó la golosina del futuro. Bueno, en Japón es la golosina del presente, pero es la ostia. Era una bolsa que tenía dentro algodón de azúcar -hasta ahí todo normal. Con sabor a Uva -nada extraordinario. ¡Con petazetas! No se si es la grandeza del algodón de azucar con los petazetas, o las reminiscencias de infancia que me produjo, pero fue una muy buena experiencia.
Y con los recuerdos de los petazetas os dejo. Voy a preparar las trampas para los ladrones.

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