Ayer, a eso de las 11 de la mañana llamaron a mi puerta, cosa que me sorprendió, pues no esperaba a nadie, y resultaron ser Alejando y Héctor (el churumbel), que venían a invitarme a comer, que iban a probar a inaugurar la temporada barbacoa 2015. Y allí que fui. Cogí un poco de tzatziki que tenía hecho un un poco de halloumi, por eso de no ir con las manos vacías, y allí que me dirigí.
Estaba Alejandro intentando levantar el fuego, pero claro, normalmente no lo hace él, al igual que en mi caso, y estaba teniendo sus mases y sus menos. Pero bueno, al final, hicimos buenas brasas y la carne quedó rica.
En otro orden de cosas, habiendo vivido de siempre en pisos, eso de que la puerta se limpia por fuera es algo nuevo para mi. Si acaso, el día 7 de enero, de la que quitas el rosco este verde de la puerta, pues le pasas un trapito con pronto, y a tirar. Pero no, aquí, como está de cara a fuera y es blanca, pues ya decidí que no lo podía dejar pasar más, y de la que me puse a limpiar los cristales, se me ocurrió pasarle una balleta, y gané dos tonos de blanco (es una expresión que no acabo de entender, pero como la usan en los anuncios de lejía, imagino que sea buena, y así quedo interesante). El caso es que con los cristales limpios y la puerta reluciente esto tiene otra pinta mucho mejor, que ayuda a afrontar la semana con renovadas energías (mentira, pero hay que ser optimista).
Tened un buen martes.
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