domingo, 8 de febrero de 2015

Me has jodido el sueño, cabrón

El calor del vagón del tren, la comodidad de la butaca, la caricia del sol en la cara, que al entrar tan de lado es placentera, el suave vascular del vagón en las vías, como el mecer de una cuna, y esa voz que dice algo ininteligible. Un roce en el brazo, y la voz repite —Sir, can I see your ticket?
Mi tiquet y dos ostias te dejaba ver— pienso yo, que en un ejercicio de autocontrol queda atrapado en mi cabeza, sin llegar a abandonar mis labios.

Joder, ¡con lo agustito que estaba yo! Así que frustrada mi siesta del carnero, cojo el móvil y empiezó a escribir "Me has jodido el sueño, cabrón". Y seguir ese camino nos llevaría al viejo de la montaña errante, y en ausencia de un Bastian que grite "Hija de la Luna" para romper el bucle, mejor no seguir por ahí.

El caso es que ya que hablamos de trenes, aquí el personal de estación es encantador. Había una parejita despidiéndose, muy acarameladitos ellos. En España, quien haya ido a despedir a una pareja al tren sabe que te das el filete hasta que se oye el bip, bip, bip, bip y una voz susurra en tu cabeza: ¿Oye eso Sr. Anderson? Es el sonido de lo inevitable. Sólo que esta vez no puedes saltar para golpear al agente Smith con el techo y así zafarte. Tienes que separare del amado o amada hasta que otro tren os una de nuevo. Aquí no, aquí la jefa de estación tiene el detalle de esperar a que la pareja se separe, preguntarles que si ya, no con la cara de consternación, si no de empatía con los tórtolos, y sólo entonces da la señal al tren de que puede partir.

Os dejo que ando con Henar. Bss

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