Pues aquí ando una vez más en la isla, como camarón. 48 horas me han bastado para darme cuenta de cuán distinto es un lugar de otro y de cuanto hecho de menos Madrid, con sus bares y su gentío, su clima más templado y los sitios y gente que diría "míos". También me han bastado para darme cuenta de qué poco duran 48 horas, por mucho que recortes en tiempo de sueño.
El caso es que ayer llegué un poco tarde y me fui con Irina a buscar un contenedor verde, que no teníamos :) porque aquí cada casa tiene sus contenedores, verde, azul y negro. Además de la cestita del papel. El verde es para lo orgánico y compostable, el azul para reciclaje, mayormente, porque el papel va a parte y el negro para lo que no va en ningún otro, que viene a ser el poliespan, las colillas, el papel encerado de la carnicería, los pañales (¿?) y un par de cosas más. Es tan raro que en la revista del barrio te viene una hoja con la descripción de qué va en cada contenedor y las instrucciones de "Recortar por la linea de puntos y poner en la nevera para futuras referencias", no os digo más.
Después de llegar a casa con la nueva adquisición nos encontramos a una especie de testigo de Jehová, no habíamos hecho nada más que entrar en casa que llamaron al timbre, y cuando abrimos la puerta escuchamos una voz aguda que dijo, - Vengo a hablaros de Aragog, señor de las arañas y de su obra, el mundo, que hizo en ocho días...
No se ven por la península arácnidos tan grandes como para saber llamar a la puerta y tener la educación de hacerlo antes de entrar en la casa. Para que no me llaméis exagerado podéis ver la foto, que por si el ladrillo no sirve para mostrar bien la escala, podéis ver al lado mis llaves para haceros una idea de los ocho centímetros de diámetro que tenía la criatura. Estuve a punto de ponerle silla y brida para que me acercase a la mañana siguiente al trabajo. Habría sido un buen tema de conversación, cuando la gente hablase de cómo habían llegado, porque como todos los días que llueve, siempre se comenta quién ha venido como:
- Pues la verdad es que tenía ganas de montar en bici, así que a pesar del cerrado del cielo me he animado.
- Yo lo que hago es mirar la predicción, si la probabilidad de lluvia es mayor del 65%, traigo el coche.
- Na, pues a mi no me apetecía pedalear mucho así que he cogido una araña y he venido cabalgando.

Por aquí el personal va en bici o esquiando bien llueva, nieve, truene o caigan piedras del cielo. Lo que hacen es llevar unos pantalones finústicos impermeables por encima de los que les apetezca llevar ese día y al llegar al curro/uni/cole se los quitan y a correr. Ahí te dejo la idea por si quieres fardar de que no te asustan las aguas para coger la bici.
ResponderEliminarYo también echo de menos Madrid. Sobre todo a los que solíais estar allí, snif.