martes, 30 de junio de 2015

Montando dos camellos

El domingo estuve con la Henar, que se me marcha ya (¡un besazo Nar!), y nada, fuimos al museo de Hornimans, el del té, pero que no es un museo de té, si no un parque mazo de molón con algo de museo de historia natural interesante, y después estuvimos viendo dinosaurios por Christal Palace, y de picnic. La verdad es que el tiempo no acompañó del todo, pero podría haber sido peor. A pesar de los repetidos intentos de llover, tampoco llegamos a mojarnos.

Había una feria en el parque, con sus puestos de artesanía y de segunda mano, una charanga, y botellón, pero no de adolescentes, o de universitarios, no. Estamos hablando de gente en sus 30 y 40 con sus neveras y sus cajas de cervezas acarajándose.

Y para terminar fuimos a por la bici de Irina, que la tenía ella allí, y me la traje para Cambridge. Tuvimos la primera fiesta para ir a Liverpool St, porque el overground estaba en obras, y el servicio de autobuses "de sustitución" no sustituye una puta mierda, porque si me dices que estás sustituyendo al overground, me tienes que prestar el servicio del overground, y si el overground me permite llevar bici, pues me dejas llevar bici. Pero no, así que tengo que ver dónde me quejo de eso. El caso, que con la tontería, tardé yo, en la bici lo mismo que Miyo en el autobús. Y ya pillamos el tren y todo bien, hasta que llegamos a Cambridge, donde nuestro grupo estaba formado por dos personas y tres bicicletas, y no siendo algebrista, no puedo combinar dos bicicletas en un bugy, así que me tocó hacer como a los llaneros, cuando iban montados en un caballo y llevaban en la mano las riendas de otro, solo que con las bicis es un dolor, sobre todo cuando giras para, en el caso de la foto, la derecha. Pero conseguí llegar a casa sin matarme, entre otras cosas porque coincidió que un chikillo muy majete necesitaba venir a Zonacerezos, y no sabía la ruta, y se ofreció a cabalgar la bici si luego le decíamos como llegar. Suerte para él que su destino quedaba de camino, y allí que le dejamos.

Fue en los últimos metros que Miyo, haciendo honor al estereotipo japonés, comenzó a sacar fotos del occidental loco montando dos bicicletas.

Un abrazo

No hay comentarios:

Publicar un comentario