Como ya sabemos, en la isla son, digamos, particulares. No les acaba de ir el rollo de la europa continental. El que dijo "Spain is different", no era brit, si no habría dicho "Spain is also different". Esto me lleva a los enchufes. ¿Tanto cuesta tener el mismo enchufe que el resto de europa? Entiendo el "¿y por qué nosotros vamos a adoptar el suyo y no ellos el nuestro?" Bueno, pues contemos la cantidad de enchufes que hay de cada tipo, y el que más tenga, a falta de una razón mejor, gana, y ya, pero no, tienen que andar erre que erre dando la nota. Así pues, a las 21.30 hora local he decidido salir, con más moral que esperanza, a buscar un adaptador para poder cargar los varios dispositivos.
Tras dar una vuelta por un supermercado y quitarme el hipo a ver los tomates a 6 euros el kilo, ver sabores de doritos desconocidos de doritos, y otear un poco la zona que rodea mi kely, cuando ya volvía para casa, ahí lo vi, mirándome a través de un escaparate. Tres protuberancias metálicas con su sección rectangular conectadas a tres entradas de sección circular, de las cuales la toma de tierra puede ser ignorada, y tus dispositivos así cargados. Y yo le miré, y él me gritó, pero el plástico de su blíster ahogaba su voz. Movido por el dolor que tan dramática escena me causaba, más que por el hecho de que sin el cacharrito en cuestión no tendría ni ordena, ni móvil, ni na de na, me he acerqué a la puerta para descubrirla abierta. Me he apresuré al mostrador, y he pedí el transformador. Tras un silencio tenso en el que el dependiente --un chico de piel color café con leche, pelo y ojos negros-- me miraba de arriba abajo, me preguntó.
- ¿Tú qué eres?
- ¿Cómo que qué soy? - respondí a la gallega.
- No serás de aquí, ¿eh?
- Euh... no, no. Soy de aquí de Madriz - titubeé. - Quiero decir, de allí... De Madrid...
- Tienes pinta de inmigrante.
Sorprendido, eché una rápida mirada al blister que me hizo entender el interrogatorio. Ahora todo tenía sentido en mi cabeza.
- No, no, soy turista - me apresuré a afirmar.
- ¿Seguro? No llevas mapa en la mano, ni mochila. No vas borracho ni gritando.
Podía notar el peso de su mirada intentando entrar en mí a través de los ojos.
- Pues no se, imagino que es porque acabo de llegar, y no llevo mapa porque he alquilado un apartamento para una semana - intenté no mirar para la izquierda como hacemos involuntariamente cuando mentimos- aquí al lado, y después me vuelvo a casa.
No muy convencido el dependiente se acercó a largos pasos a la estantería a por el adaptador, que observaba con ilusión de libertad la conversación y que llegó a alcanzar una chispa entre los bornes de la emoción de abandonar esa tienda.
- Serán dos con cuarenta y nueve.
En mi papel de turista miré el puñado de monedas, y decidí darle un billete. Un turista no se conoce las monedas, un local sí. Me aterraba que descubriese que no soy turista. Ya con el adaptador en mi poder me dirigí a la puerta, con paso tranquilo. Abrí, y eché a correr. Es duro vivir en un país en el que no venden adaptadores de los enchufes para los inmigrantes,
sólo adaptadores para los turistas.
Así que ya sabéis, si os váis a mudar a vivir aquí no os traigáis vuestros enchufes, porque no hay adaptadores pensados para vuestro caso.
He de reconocer que echaba de menos escribir tonterías. O al menos hacerlo deliberadamente :)
¡Un saludo!

Jijiji si es que vas muy moreno!!
ResponderEliminarVes cómo al final si que ibas a tener chorrada a chulis e interesantes como para hacer un blog???
Mis jefes de cocina dicen que ese precio está bien para donde estas... Nosotros estamos pillado cerezas a 12€/kg...
Con mi portitil venía el adaptador para los enchufes raros esos que tienen (mira que sin toca huevos!)
Ese madrileño en London marcando territorio :)
Deseando leer lo próximo
Muuuuuaaaaakkk!!!!